Estudio sobre la relación entre el consumo de carne roja y la enfermedad cardiaca
Contexto de la investigación
Recientemente, un estudio ha analizado si el vínculo entre un mayor consumo de carne roja y el riesgo de enfermedad cardiaca se debe al aumento de los niveles de hierro en la sangre. La enfermedad cardiaca es una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial y existe evidencia que sugiere una conexión entre el consumo de carne roja y el riesgo de desarrollar esta enfermedad. Sin embargo, los mecanismos exactos que explican cómo la carne roja podría incrementar dicho riesgo aún no están claros. Una posible explicación es que la carne roja es rica en hierro, y niveles elevados de hierro en el organismo podrían contribuir al desarrollo de la enfermedad cardiaca.
Metodología del estudio
Este estudio fue realizado en Alemania y publicado en The American Journal of Clinical Nutrition. Los investigadores utilizaron datos del estudio EPIC-Heidelberg, que ha estado observando a 25,000 voluntarios sanos desde mediados de la década de 1990. Los participantes proporcionaron muestras de sangre y detallaron su situación socioeconómica, hábitos de vida y patrones alimentarios al inicio del estudio. Para investigar la relación entre el consumo de carne roja y la enfermedad cardiaca, se identificaron a aquellos miembros del grupo que presentaron evidencia de enfermedad cardiaca. En total, se registraron 555 participantes que habían sobrevivido a un infarto, 513 a un derrame cerebral, y 381 que habían fallecido por un infarto. Asimismo, se seleccionaron al azar 2,738 participantes para servir como grupo de control.
Análisis de datos
Los investigadores utilizaron la información sobre hábitos alimentarios para determinar la cantidad de carne roja consumida por cada participante. También midieron los niveles de hierro y proteínas de almacenamiento de hierro, como la transferrina y la ferritina, en muestras de sangre que habían sido congeladas desde el inicio del estudio. Emplearon diversos métodos estadísticos para analizar la relación entre los niveles de hierro, el consumo de carne roja y la enfermedad cardiaca, teniendo en cuenta factores como edad, sexo y otras condiciones de salud asociadas con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca.
Resultados del estudio
Aumento de los niveles de ferritina
El consumo elevado de carne roja se asoció con niveles aumentados de ferritina en el grupo de control. La ferritina es una proteína que almacena hierro en el cuerpo. Sin embargo, no se observaron cambios significativos en otras medidas de almacenamiento de hierro, como la concentración de hierro en sangre y la transferrina, en relación con el consumo de carne roja.
Riesgo de infarto y derrame cerebral
Los participantes que habían experimentado infartos, derrames cerebrales o fallecido por enfermedad cardiaca consumieron, en promedio, más carne roja que aquellos del grupo de control. Tras ajustar por edad y sexo, se encontró que cada 50 gramos adicionales (1.8 onzas) de carne roja consumida diariamente aumentaba el riesgo de sufrir un infarto en un 18%, un derrame cerebral en un 16%, y la probabilidad de fallecer por un infarto en un 27%. Los participantes con antecedentes de infarto tendieron a presentar un índice de masa corporal más elevado, menor nivel educativo, y una mayor propensión a fumar y tener hipertensión en comparación con el grupo de control. Estos factores son conocidos por estar asociados con un mayor riesgo de infarto.
Influencia de otros factores de riesgo
Cuando se tomaron en cuenta otros factores de riesgo conocidos, la relación entre el consumo de carne roja y los infartos se mantuvo significativa. Esto sugiere que, aunque un mayor consumo de carne roja puede estar relacionado con la obesidad, es la obesidad la que, a su vez, incrementa el riesgo de derrame cerebral y mortalidad, no necesariamente la carne roja en sí.
Relación con los niveles de ferritina
Al ajustar por edad y sexo, se observó que cada duplicación en la concentración de ferritina en sangre aumentaba el riesgo de infarto en un 9% y el riesgo de fallecer por enfermedad cardiaca en un 13%. Sin embargo, estas asociaciones se desvanecieron al considerar otros factores de riesgo adicionales. Además, los participantes con concentraciones bajas de ferritina (menos de 76.5 ng/mL) no mostraron un riesgo reducido de infarto o derrame cerebral en comparación con aquellos con niveles más altos. Otras medidas de almacenamiento de hierro no mostraron asociación con el riesgo de enfermedad cardiaca.
Conclusiones
Limitaciones del estudio
El estudio presenta varias limitaciones, ya que todas las muestras de sangre y encuestas dietarias se realizaron al inicio del seguimiento, mucho antes de que la mayoría de los participantes desarrollaran enfermedad cardiaca. Esto plantea la posibilidad de que tanto los hábitos alimentarios como los niveles de almacenamiento de hierro pudieran haber cambiado con el tiempo. Además, las causas de muerte de los participantes se determinaron a partir de certificados de defunción, lo cual puede ser menos confiable que los registros clínicos. Por último, la población alemana del estudio EPIC-Heidelberg puede no ser representativa de otras poblaciones, como la estadounidense.
Implicaciones de los hallazgos
En general, este estudio no respalda la idea de que el hierro proveniente de la carne roja aumente el riesgo de enfermedad cardiaca. En cambio, el aumento de los niveles de ferritina podría reflejar otros factores de salud o de estilo de vida que son las verdaderas causas de la enfermedad cardiaca, como la obesidad o el tabaquismo. No obstante, se encontró evidencia de que el consumo elevado de carne roja se asocia con un mayor riesgo de infarto, independientemente de otros factores de riesgo. La forma exacta en que la carne roja contribuye a este riesgo aún permanece sin aclarar.
Cita de referencia
Quintana Pacheco, D. A., Sookthai, D., Wittenbecher, C., Graf, M. E., Schübel, R., Johnson, T., Katzke, V., Jakszyn, P., Kaaks, R. & Kühn, T. Red meat consumption and risk of cardiovascular diseases—is increased iron load a possible link? The American Journal of Clinical Nutrition 107, 113-119 (2018).